{"id":578,"date":"1976-12-16T04:16:36","date_gmt":"1976-12-16T04:16:36","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=578"},"modified":"2022-03-04T05:27:46","modified_gmt":"2022-03-04T05:27:46","slug":"hacia-una-democracia-viable-en-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=578","title":{"rendered":"\u00bfHacia una \u201cdemocracia viable\u201d en Am\u00e9rica Latina?"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/IMG_2043a-edited.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2220\" width=\"751\" height=\"423\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/IMG_2043a-edited.jpg 620w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/IMG_2043a-edited-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/IMG_2043a-edited-600x338.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 751px) 100vw, 751px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente:\u00a0El Sol de M\u00e9xico, M\u00e9xico, 16 de diciembre de 1976.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">El pr\u00f3ximo cambio de gobierno en Estados Unidos constituye un tema obligado en la consideraci\u00f3n de las perspectivas inmediatas de Am\u00e9rica Latina. Comentando la expectativa que las supuestas intenciones del presidente electo James Carter ha suscitado, suger\u00ed, en un art\u00edculo anterior, algunas de las limitaciones estructurales que encontrar\u00e1 cualquier modificaci\u00f3n de la pol\u00edtica norteamericana hacia nuestros pa\u00edses. Retomo hoy el tema, con el prop\u00f3sito de verificar si \u2014m\u00e1s all\u00e1 de las inclinaciones subjetivas de Carter\u2014 existen factores en la situaci\u00f3n internacional que apunten objetivamente a tal modificaci\u00f3n y cu\u00e1l es el peso real que le podemos atribuir.<\/p>\n\n\n\n<p>Un primer elemento a tener presente es la evoluci\u00f3n de la crisis econ\u00f3mica mundial, en el pr\u00f3ximo periodo. Por un lado, ninguna f\u00f3rmula de liberalizaci\u00f3n pol\u00edtica en Am\u00e9rica Latina (y de esto se trata, cuando se habla de las intenciones de Carter) puede ser efectiva si la crisis contin\u00faa agrav\u00e1ndose. Por otro lado, no hay posibilidad de remontarla si Estados Unidos no flexibiliza los r\u00edgidos controles anfiinflacionarios que est\u00e1 adoptando.<\/p>\n\n\n\n<p>Como candidato, Carter se pronunci\u00f3 en favor de esa flexibilidad, con el fin de promover la recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica y reducir a casi la mitad el \u00edndice del desempleo. Sin embargo, las previsiones para 1977 de la Comunidad Econ\u00f3mica Europea, recientemente divulgadas, no contemplan siquiera el crecimiento anual de 5% en la producci\u00f3n establecido para 1976, el cual, por cierto, no ha sido alcanzado. Cabe suponer que las autoridades econ\u00f3micas de la CEE est\u00e1n mejor informadas que nosotros sobre los planes o, por lo menos, las posibilidades de la futura administraci\u00f3n norteamericana para revertir la situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como quiera que sea, dada la gravedad de la crisis, ser\u00eda ingenuo esperar milagros de Carter. Sin incurrir en un pesimismo todav\u00eda no justificado, lo que se puede decir es que no se ve en el horizonte un&nbsp;<em>New Deal<\/em>&nbsp;(por lo dem\u00e1s, bastante mixtificado en sus resultados, puesto que s\u00f3lo hacia 1942 la producci\u00f3n norteamericana logr\u00f3 superar los \u00edndices econ\u00f3micos de 1929). Hay que pensar m\u00e1s bien en una pol\u00edtica de \u201cadministraci\u00f3n de la crisis\u201d, tal como la que se plante\u00f3 en la cumbre de Puerto Rico, que modere los efectos de la recesi\u00f3n, sin arriesgarse a poner fuera de control a la tasa de inflaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La pol\u00edtica de administraci\u00f3n de la crisis supone la administraci\u00f3n pol\u00edtica de la misma. Para Kissinger y Ford, en consuno con las agencias financieras internacionales, esto se traduce en la Am\u00e9rica Latina en el apoyo a reg\u00edmenes militares capaces de poner en cintura a las masas trabajadoras, en especial a la clase obrera, e impedir que sectores populares e incluso burgueses se dejaran tentar por soluciones contrarias a los intereses norteamericanos. Carter se ha pronunciado, aunque no muy claramente, en favor de una soluci\u00f3n distinta, enfatizando el respeto a los derechos humanos, criticando a la Junta Militar chilena, manifestando su disconformidad con los privilegios acordados por el Departamento de Estado al subimperialismo brasile\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad es que esto responde a una tendencia real en medios pol\u00edticos de Estados Unidos, que se han hecho ya visibles en el Congreso y en el mismo Departamento de Estado. Los estrategas de Washington han comenzado a barajar una nueva f\u00f3rmula para Am\u00e9rica Latina, que se expresa en la idea de una \u201cdemocracia viable\u201d. La vaguedad del concepto encubre la convicci\u00f3n \u2014tantas veces expresada por los Geisel, los Videla y Pinochet\u2014 de que los pueblos latinoamericanos no est\u00e1n todav\u00eda maduros para la \u201cdemocracia plena\u201d. Pero apunta tambi\u00e9n a una soluci\u00f3n pol\u00edtica que, sin llegar a la \u201cdemocracia plena\u201d, se traduzca en un r\u00e9gimen institucional que, al respetar en lo posible libertades democr\u00e1ticas esenciales, pueda contar con cierto apoyo social; con este matiz, la f\u00f3rmula norteamericana se acerca m\u00e1s a la pr\u00e1ctica de los militares brasile\u00f1os que a la de sus colegas argentinos, chilenos, uruguayos.<\/p>\n\n\n\n<p>Haciendo a un lado los eufemismos, \u201cdemocracia viable\u201d quiere decir democracia restringida, lo que corresponde a la b\u00fasqueda de institucionalizaci\u00f3n de la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana. Este es un hecho del cual hay que partir: desde 1964, Latinoam\u00e9rica ha ingresado en una etapa contrarrevolucionaria, que se ha acentuado despu\u00e9s de 1968. Al ser la respuesta dada por el gran capital nacional y extranjero, as\u00ed como por el gobierno norteamericano a las luchas populares del periodo, la contrarrevoluci\u00f3n se ha implementado a trav\u00e9s de la aplicaci\u00f3n de la doctrina de la contrainsurgencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que confundiendo la apariencia con lo esencial identifican la contrarrevoluci\u00f3n latinoamericana con el fascismo europeo no se dan cuenta de que, independientemente de sus semejanzas (que por supuesto existen, y muchas, una vez que ambos son manifestaciones contrarrevolucionarias burguesas), existe entre ambas formas una diferencia de fondo. En el caso europeo, el Estado es tomado de asalto desde fuera por el movimiento fascista y doblegado por \u00e9l (no importa que \u00e9ste se apoye en fuerzas nacionales o internacionales) mientras que en Am\u00e9rica Latina el Estado de la contrainsurgencia corresponde a una metamorfosis del Estado provocada desde adentro, es decir, a partir de sus elementos de sustentaci\u00f3n: los aparatos burocr\u00e1tico-represivos, que dejan de ser cuerpo para convertirse en cabeza. Esto es posible por el hecho mismo de que el desarrollo del gran capital acarrea una intensificaci\u00f3n de las pugnas interburguesas y de la lucha de clases en general, que conduce a la autonomizaci\u00f3n, en t\u00e9rminos relativos, de los aparatos represivos. Se debe tambi\u00e9n a que la misma estrategia norteamericana para mantener bajo control sus zonas de influencia ha implicado, desde principios de la d\u00e9cada de 1960, la preparaci\u00f3n de esos aparatos para el ejercicio directo del poder, en el marco precisamente de la doctrina de la contrainsurgencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que preguntarse por qu\u00e9 se esboza, hoy en Estados Unidos, a trav\u00e9s de Carter, y de sectores el Congreso y el Departamento de Estado, una tendencia a desechar la aplicaci\u00f3n a ultranza de la contrainsurgencia en beneficio de f\u00f3rmulas m\u00e1s blandas, que buscan una mayor estabilidad pol\u00edtica de los reg\u00edmenes de la regi\u00f3n sobre la base de un cierto consenso, y por ende, de la institucionalidad. Existen razones objetivas para ello, que se derivan de la misma crisis capitalista, as\u00ed como de las vicisitudes por las que ha pasado \u00faltimamente la pol\u00edtica exterior norteamericana. Esto es lo que tratar\u00e9 de analizar pr\u00f3ximamente, para calibrar cu\u00e1l es el alcance del cambio que, en principio, se propondr\u00eda la Administraci\u00f3n Carter para Am\u00e9rica Latina, as\u00ed como sus implicaciones para las fuerzas pol\u00edticas que han asumido responsabilidades en el combate a la contrarrevoluci\u00f3n en nuestros pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background\" style=\"background-color:#757575;color:#757575\"\/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente:\u00a0El Sol de M\u00e9xico, M\u00e9xico, 16 de diciembre de 1976. El pr\u00f3ximo cambio de gobierno en Estados Unidos constituye un tema obligado en la consideraci\u00f3n de las perspectivas inmediatas de Am\u00e9rica Latina. 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