{"id":968,"date":"1980-03-26T00:57:22","date_gmt":"1980-03-26T00:57:22","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/wordpress\/?p=968"},"modified":"2022-03-03T17:01:57","modified_gmt":"2022-03-03T17:01:57","slug":"el-salvador-la-iglesia-y-la-revolucion-latinoamericana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/?p=968","title":{"rendered":"El Salvador: la iglesia y la revoluci\u00f3n latinoamericana"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized is-style-default\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/93558842_giuseppedezza-7-edited.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2114\" width=\"731\" srcset=\"https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/93558842_giuseppedezza-7-edited.jpg 640w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/93558842_giuseppedezza-7-edited-300x169.jpg 300w, https:\/\/marini-escritos.unam.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/93558842_giuseppedezza-7-edited-600x338.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0)\" class=\"has-inline-color has-vivid-red-color\">Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en\u00a0El Universal, M\u00e9xico, mi\u00e9rcoles, 26 marzo 1980.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-vivid-red-background-color has-vivid-red-color\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Al desatarse en Am\u00e9rica Latina la contrarrevoluci\u00f3n burguesa e imperialista, la Iglesia Cat\u00f3lica representaba una fuerza actuante en la misma. En Brasil, colabor\u00f3 activamente en los movimientos sediciosos de la derecha y los militares, que culminaron con el derrocamiento del gobierno de Joao Goulart. Destacan, en esa l\u00ednea, el &#8220;rosario en familia&#8221;, con el que los curas agitaban los barrios populares urbanos en contra del Gobierno y la izquierda, y las grandes manifestaciones callejeras que encabezaron, las llamadas &#8220;marchas de la familia con Dios por la libertad&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>La victoria de la contrarrevoluci\u00f3n implic\u00f3 la ca\u00edda de la mayor parte de los gobiernos democr\u00e1ticos y progresistas del continente. De Guatemala a Argentina, se instauraron dictaduras que excluyen al pueblo de la vida pol\u00edtica, someti\u00e9ndolo a un r\u00e9gimen de terror. Un desarrollo capitalista perverso, fundado en la superexplotaci\u00f3n del trabajo y la transnacionalizaci\u00f3n de la econom\u00eda, se abri\u00f3 paso, suprimiendo las conquistas sociales y sindicales de los obreros, arrojando tasas crecientes de desempleo abierto o disfrazado, procediendo por la fuerza al despojo de los campesinos e ind\u00edgenas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha sido en ese marco como los pueblos latinoamericanos han debido desarrollar su resistencia contra la explotaci\u00f3n y la opresi\u00f3n. Hacia 1977, ya se hac\u00eda presente en la escena pol\u00edtica un movimiento de masas renovado, como se pod\u00eda observar en Colombia, Brasil, Per\u00fa, Bolivia. En particular, las masas trabajadoras y sus organizaciones pol\u00edticas desplegaron su iniciativa en la regi\u00f3n centroamericana, donde cosechar\u00edan, en 1979, con el derrocamiento de la dictadura nicarag\u00fcense, su primera gran victoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese cambio de signo en las luchas latinoamericanas vino a encontrar a la Iglesia Cat\u00f3lica en pleno desplazamiento hacia el campo popular. Esto se expresaba no s\u00f3lo en la modificaci\u00f3n de la correlaci\u00f3n de fuerzas que prevaleciera antes en su seno, en beneficio de su sector progresista: implicaba tambi\u00e9n que \u00e9ste levantaba un planteamiento pol\u00edtico basado en la justicia social y, en concreto, en la cr\u00edtica de la dominaci\u00f3n burguesa e imperialista que pesa sobre nuestros pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<p>Como muchos otros fen\u00f3menos a que estamos asistiendo, las transformaciones sufridas por la Iglesia Cat\u00f3lica est\u00e1n \u00edntimamente ligadas a la combatividad creciente del movimiento de masas. As\u00ed, todav\u00eda en 1978, el arzobispo de Managua se permit\u00eda presentarse como mediador entre Somoza y la oposici\u00f3n burguesa, con el prop\u00f3sito expl\u00edcito de detener el avance de la revoluci\u00f3n popular. El a\u00f1o siguiente, sin embargo, la Iglesia nicarag\u00fcense se hab\u00eda pasado al otro lado de la barricada, integr\u00e1ndose plenamente a la lucha antisomocista que encabeza el Frente Sandinista.<\/p>\n\n\n\n<p>Este proceso se acus\u00f3 de manera particular en El Salvador. El arzobispo Oscar Arnulfo Romero no s\u00f3lo se solidariz\u00f3 con el movimiento popular y las fuerzas que lo conducen: acept\u00f3 la inevitabilidad de la violencia revolucionaria y la consider\u00f3 leg\u00edtima, sorprendiendo al mundo con el pronunciamiento que, en este sentido, hizo recientemente en B\u00e9lgica. Semanas antes de su muerte, llam\u00f3 al pueblo a prepararse para la guerra, acopiando medicinas y alimentos, y, la v\u00edspera clam\u00f3 a soldados y polic\u00edas a desobedecer las \u00f3rdenes criminales de sus superiores.<\/p>\n\n\n\n<p>El brutal asesinato de monse\u00f1or Romero demuestra cuanto ha caminado la Iglesia Cat\u00f3lica latinoamericana, desde comienzos de los sesenta. M\u00e1s all\u00e1 de las consecuencias que tenga en El Salvador, su resultado ser\u00e1 el de llevarla a acelerar su tranco, en la senda del compromiso con las justas causas populares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em><span class=\"has-inline-color has-nv-dark-bg-color\">Ruy Mauro Marini<\/span><\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background\" style=\"background-color:#757575;color:#757575\"\/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini. Publicado en\u00a0El Universal, M\u00e9xico, mi\u00e9rcoles, 26 marzo 1980. 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